EL PINTOR/VAMPIRO CONTINUACION
DIARIO DE BEATRIZ DUATO
Madrid, España
3 de octubre
Mi amiga
Eugenia, la de pelo moreno, se ha quedado en mi casa. Ayer llego de Paris tan
asustada que no quiso comer. Hoy Eugenia se levantó muy temprano, tomo una
cajita de música que tenía en mi ropero y me despertó con su cancioncilla.
Después bajamos a desayunar unas
deliciosas tartas de durazno. Al
parecer Eugenia ya está mejorando.
Esa
misma noche
Eugenia ya ha mejorado bastante, así que salimos a
pasear por el barrio a la luz de la luna. En eso vimos que un hombre muy
elegante se nos aproximaba de detrás de un farol.- ¡Es Gustave!, ¡Es Gustave!-
grito Eugenia y el hombre se alejó de nosotras.
Cuando regresamos a la casa, Eugenia se postro en un
escritorio de mi habitación que está
frente a una ventana y miro ensimismada a la luna, que parecía seducir a las ramas de los arboles e
influir con el viento sobre ellas.
Madrid, España
5 de octubre
Hoy es un día muy especial para mi madre, la actriz
Cristina Duato, pues tendrá una función en el majestuoso teatro real de Madrid,
interpretando Edipo rey. Mi madre empezó a actuar a los 21 años y aunque
algunos decían que ya era muy grande para comenzar, entro al taller de teatro
de un renombrado actor y así, con constancia y pasión, saco a relucir su gran
talento actoral. Hoy a sus 50 años es una actriz respetable y gran admiradora
del arte en general, como cualquier artista. En nuestra casa hay esculturas
grecorromanas en cada habitación, varios paisajes, escenas grecorromanas, de
caza y bucólicas. También tenemos un piano vertical en la pequeña sala en la que se pone a ensayar
sus papeles. Alguna vez tuvo un maestro de piano, cuando estaba enamorada de
Franz Liszt, de su obra y del hombre mismo. Así que aprendió a tocar bastante
rápido hasta lograr un estilo suave y delicioso. Justo ayer estaba tocando el Libestraum de su amado Liszt y pude
notar que derramaba en cierta forma sangre al tocarlo.
En fin, durante las últimas semanas se la ha pasado
ensayando su papel en la habitación del piano que hace las veces de sala de
ensayo de danza y teatro. En este momento se encuentra haciendo unos ejercicios
de relajación, pues no debe ser fácil presentarse en un teatro como ese, ante un público tan vasto.
Por
la noche
Salimos con mi madre, quien se veía muy relajada,
para tomar un carro de caballos que nos llevaría al teatro real.
Llegamos antes de que comenzara la obra y por ser
conocidas de la actriz a mí y a Eugenia nos dejaron pasar. Sonaba la voz del
director que estaba dando las últimas indicaciones y luego de un rato empezó a
llegar la gente. El teatro se llenó y finalmente se abrió el telón. Sonaron los
esplendorosos aplausos y comenzó el primer acto. Este Edipo resulto muy
convincente dirigiéndose a la muchedumbre que iba a pedirle el remedio contra la peste.
El turno de mi madre llego cuando su papel, Yocasta,
le decía a Edipo que no se preocupara de las afirmaciones del oráculo. Nunca
había visto actuar a mi madre y me impresiono su fuerza dramática y sobre todo
que realmente vivía su personaje; durante la obra no era otra más que Yocasta,
la esposa de Edipo.
En fin, termino la obra y el resultado me pareció
bellísimo, sobre todo y honestamente por la
participación de mi madre; si, esa Yocasta, reina de Tebas, que el
público tanto celebro terminada la obra era mi madre. El éxito fue tal que al
final de la obra el director de escena decidió organizar un baile improvisado
entre actores y público. Ahí había un pianista- un hombre de mediana edad,
delgado, alto, calvo y de nariz prominente - que había estado acompañando las
diversas escenas de la obra así que, por instrucciones del director, comenzó a
tocar el vals de la suite del lago de
los cisnes de Tchaikovski para que bailara la gente. En ese momento Eugenia fue
al baño y entro al teatro el mismo hombre que habíamos visto aquella noche. Lo peor llego
después; Ese hombre invito a bailar a mi madre. A pesar de que le dije en voz baja que no era confiable, ella quiso
bailar con él. Así, mientras seguía
sonando el vals de Tchaikovski, todos fuimos testigos de cómo el hombre mordió
a mi madre con unos colmillos que de pronto le habían aparecido. ¡Es un
vampiro!, grito la gente y un policía le disparo en la sien, acabando su
horroroso deseo para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario