sábado, 28 de febrero de 2015





EL PINTOR/VAMPIRO
           








 CARTA DE EUGENIA BAZILLE A SU AMADO FRANCISCO ROMERO
                         
Paris, Francia
20 de septiembre de 1880

Amado, me gustaría estar contigo en Madrid, pero como sabes, tenía que visitar a mi prima de parís que tanto nos ha apoyado. Recuerdas de la vez que nos ayudó a pagar la renta de aquella casa, jamás lo olvidare, porque me acuerdo que no tenías dinero en ese entonces para pagarla. Pues bien me quede en su casa que es bastante amplia y elegante. Lo que más me intrigo fue una hermosa escultura de cupido que tenía en el jardín y ya te imaginaras cuantas cosas más habría en él; por ejemplo unas bellísimas rosas que cada que me levanto a verlas, su perfume me incita a bailar.
Esta tarde en un café cercano no sabes a quien me he encontrado; al mismísimo pintor Gustave Caillebote que estaba pintando una escena del café de lejos. Ya había visto antes sus pinturas y ¡que pinturas!, sabe traducir muy bien la poesía en cada lienzo ¡y que técnica! Le pedí un autógrafo y amablemente me regalo el cuadro del café que estaba haciendo ¿puedes creerlo? Además de ser un cuadro hermoso, el gesto que hizo el señor  Caillebote no tiene precedente y hacen de la obra toda una joya, como los también bellísimos aretes dorados que me acabo de colocar.
Espero verte pronto amado.





CARTA DE GUSTAVE CAILLEBOTE A JEAN AUGUSTE RENOIR
21 de septiembre

Mi apreciado amigo, sabes cómo me encanta tu manera de pintar a la figura humana, por tal motivo me interesaría mucho comprarte uno de estos días alguno de esos armónicos cuadros.
Cambiando de tema, no sabes que Dulce momento me lleve ayer mientras pintaba una escena de un café; una bonita muchacha de pelo moreno y vestido negro se acercó a mirar como pintaba y mostro interés en ella. No sé qué tendrían sus ojos, pero te juro que desprendían un hermoso brillo romántico. Espero encontrármela de nuevo, esta vez decididamente la pintare.



CARTA DE FRANCISCO ROMERO A EUGENIA BAZILLE
23 de septiembre
Madrid, España

Yo también espero que estemos juntos lo más pronto posible para ir al restaurante de Don Antonio a probar sus Jamones y salchichones tan deliciosos y para ir a visitar el museo del Prado que tanto te gusta. Hablando de eso yo espero ir a dicho museo muy pronto, me ha dado por ver los cuadros de los antiguos maestros. Ya regresa por favor todos te esperamos aquí.


CARTA DE EUGENIA BAZILLE A FRANCISCO ROMERO
24 de septiembre
Pues que puedo deciros, París…hermoso. Ahora mismo estoy sentada en un parque. Esta anocheciendo y ya te imaginaras, los faroles apenas iluminan la explanada e incendian la parte arbolada y misteriosa del parque. Esa parte deja al descubierto una atmosfera mezclada con algunos colores verdes, naranjas y azules. Esta escena es tan romántica que me hace recordarte. Ahora mismo han llegado unos músicos, uno toca el clarinete y otro el acordeón. Que bella experiencia, la atmosfera y la música se unen para crear un conjunto  verdaderamente romántico. Disculpa si me pongo muy pictórica pero todo está aquí, los verdes, las naranjas, los amarillos, los rojos, los violetas y los azules celestes sobre todo entremezclándose con este vals. Espero verte pronto, que ahora disfrutare de la música.


CARTA DE JEAN AUGUSTE RENOIR AL DIPLOMATICO PAUL BÉRARD (MECENAS DE ARTE).
28 de septiembre
Ayer llego mi amigo Gustave Caillebote, quien por cierto tiene una técnica pictórica bastante exquisita, a mi casa, pues me había dicho que me quería comprar un cuadro. Además tenía su estuche de pinturas, un lienzo y un pequeño caballete. Se sentó en el sofá y le ofrecí un café. Pasamos a mi estudio que es bastante pequeño, aunque es mi refugio favorito y le enseñe varios cuadros con los que quedó fascinado. Luego de revisar algunos decidió llevarse uno de mi colección de muchachas al piano y otro de una muchacha en el campo. Gustave me dijo que le acompañara, pues iría a buscar a aquella bella muchacha que había visto antes. Recuerdo que estaba lloviendo esa tarde mientras caminábamos por las calles de un hotel. Entonces Gustave, para su suerte, se topó con la chica que tanto insistía, que iba con  vestido y  paraguas negro.  Le pidió que se dejase retratar y ella accedió bastante feliz. Él se refugió debajo de un balcón y se sentó a pintarla en medio de la acera. Mientras algunas personas volteaban a ver lo que hacía, curiosas, otras le reprochaban su decisión de pintar justamente en la acera. Sorprendentemente Gustave termino todo el cuadro en unas horas y el resultado fue delicioso. La muchacha se impactó por la belleza del cuadro y le agradeció ampliamente que le pintase. Luego él le pidió su dirección y ella la anoto en una servilleta.
Si quieres venir a ver la obra, o incluso intentar comprarla, ve con Gustave, ya sabes donde vive, te prometo que vale la pena.



CARTA DE EUGENIA BAZILLE A SU AMIGA BEATRIZ DUATO
30 de septiembre
¿Qué tal tu famosa madre,rubia? no te creerás lo que te voy a contar: ¡conocí al pintor (si se le puede llamar así) Gustave Caillebote,  y ayer me invito a cenar! Bueno, me invito calamares y percebes que deguste como nada en el mundo. Luego me pidió un buen vino de esos que sacan los franceses en sus campestres viñedos. Por cierto el vino era bastante suave.

Luego del restaurante me pidió que le acompañase al cementerio a visitar la tumba de su madre. Fuimos al cementerio, que por cierto estaba bastante florido y con cientos de estatuas de querubines y ángeles. Justamente acababamos de visitar la tumba de su madre y el me tomo de la mano y dijo:- No sabes cuánto extraño a mi madre en estos momentos, necesito a alguien que me consuele-. Entonces delicadamente me beso y espero no se entere Francisco, intercedí gustosa. En eso vi como que un querubín movía su brazo señalando a Gustave y le salían lágrimas, no puedo equivocarme, ¡en serio lo hizo! Lo más inaudito  sucedió después. Gustave me seguía besando, cuando de pronto pude ver como sus caninos incrementaban  de tamaño sobrenaturalmente e intentaba darme un mordisco. Fue tanta mi sorpresa que corrí despavorida hacia mi casa. Ahora mismo estoy aguardando el tren que va de Paris a  Madrid, espero me recibas en tu casa...



CONTINUARA...

miércoles, 18 de febrero de 2015

                                                                LA MANSIÓN (cuento)


Partimos mi hermana y yo al colosal navío cuyo destino era la nebulosa costa de escocia. Ya dentro nos acomodamos en una apacible habitación que tenía un escritorio, un cello, una lechuza disecada y la añorada cama donde íbamos a dormir. Mi hermana, que era una bailarina bastante brillante y además una hábil y sentida cellista simplemente tomo el instrumento, un arco y brea que estaban ahí como esperándola y comenzó a tocar una sonata de Bach tan elegante que me inundo de cierta altivez y empecé a imaginar que bailaba con un apuesto caballero. Luego del allegro elegante, mi hermana toco un adagio melancólico que me incito a incorporarme al escritorio. Saque del equipaje uno de mis cuadernos, un frasco de tinta y una pluma. Yo era escritora y encontré el amaderado sonido del cello idóneo para inventar algún cuentito para niños o algo…lo que fuera y escribí:

-Ahí en la pradera, cada tarde  salía de su campestre morada el señor conejo a pasear a los sembradíos. Un día, ya de regreso, salió detrás de un árbol el temible cobrador de impuestos Don lobo queriendo acabar de una vez por todas con las deudas del conejo, comiéndoselo. En eso de un agujero de los sembradíos salió un extraño duendecillo inglés y le dijo al conejo:- Vamos, sígueme-. Ambos entraron al agujero que se cerró de la nada, dejando al lobo completamente inútil. El duende llevo al conejo a un larguísimo y enorme túnel por donde caminaron por 3 días y sus noches. Finalmente el duende le mostró una impresionante mina de oro al conejo, presumiendo que era de su propiedad. El duende le obsequio un costal de oro al conejo y le dijo que lo usara con sabiduría.
El conejo volvió jubiloso a su hogar y pudo comprarse una lujosa casa, pagar todas sus deudas y armar un negocio de pasteles que al poco rato obtuvo mucho éxito. Los deliciosos pasteles llegaron a los oídos de  su alteza real, el príncipe, que ordeno al conejo que hiciese un enorme pastel de fresa para su boda con una bella duquesa.
Llego el día de la elegantísima boda y el conejo apuradamente comenzó a hacer el pastel. Tan apurado estaba por terminarlo que uso otras cantidades en la receta.  Inmediatamente después llego un comisionado real por el pastel inacabado, al que el conejo le rogó que le esperase un tiempo para que estuviese listo. Una vez listo el pastel fue llevado  en una carroza real junto al conejo.
Llegaron al enorme palacio, donde rondaba la gente más elegante imaginable, una soberbia orquesta e incluso la ilustre presencia del cardenal. El príncipe estaba muy molesto por la tardanza del pastel y le sobraban ganas de atacar violentamente al conejo. Se sirvió el gran pastel a los comensales y se vio como algunos comenzaron a desmayarse  y otros a bailar jubilosamente como entre las rosas, pues la nueva receta había superado en delicia a todas las que había hecho antes  el conejo. El príncipe justamente nombro primer pastelero real de la corte al conejo y este se mudó felizmente al palacio y  su suntuosidad-.

Ya habían dado las doce cuando termine mi cuentito y mi hermana ya se hallaba plácidamente dormida. El silencio fue roto cuando comenzó a sonar música celta en la parte principal del barco; sonaban el acordeón, los violines, las mandolinas y los zapateados de una forma hermosa y ruidosa. Me daban ganas de unirme a la celebración, pero el temor por los varoniles marinos pudo más que yo y me lance a la cama.

A la mañana siguiente arribamos a un puerto escoces, donde nos recibió la agradable niebla británica.
El nebuloso puerto con sus rusticas casas y un curioso tranvía me pareció un lugar apto para esbozar en mis poemas. Para llegar al tranvía que nos llevaría a Edimburgo, tuvimos que caminar por un mercado de pescado. Íbamos caminando serenamente, cuando reparamos en un misterioso vendedor con una bolsa de papas en la cabeza. Le pregunte-¿Por qué tiene esa bolsa-.-Lo mejor sería que jamás lo supieras-.-¡Por favor!, no puede ser tan malo-.-por estas tierras se cuentan mucho relatos extraños, y yo verdaderamente soy parte de ellos-.-por favor, he visto las cosas más horribles, no puede ser tan malo-. El hombre lentamente se quitó la bolsa y pude vislumbrar que su cara era mitad humana mitad de anguila y mi hermana y yo nos persignamos y corrimos al tranvía del susto, sin mirar atrás.  Ya dentro del tranvía nos tocó sentarnos en la parte trasera que era lúgubre, oscura y perfecta para servir de inspiración a algún cuento macabro, como todo lo que había en ese puerto.  Vimos una bolsa de mariscos abandonada que contenía dos anguilas medio vivas y un cangrejo que todavía estaba vivo y preferimos irnos paradas, ya que el tranvía iba lleno.  Luego de dos horas llegamos a Edimburgo y nos hospedamos en una elegante posada en la sección de arriba. Eran las 7 pm y mientras mi hermana descansaba yo decidí bajar a una curiosa fuente que estaba en el patio. La fuente tenía unos agradables papiros y algunas ranitas, de manera que me gano la curiosidad de atrapar una y abalance mi mano sobre ella. En eso vi que entre la purpurea niebla emergía un elegante caballero. Él se aproximó hacia mí y dijo dulcemente: -¿Cómo te llamas?-.- ¿yo?, susanna, ¿y usted?-.-Wilhelm-. Me beso la mano y con una mirada ardiente dijo:- Es un placer, susanna-.-Igual, lord Wilhelm-.-¿a qué te dedicas, dulce dama?-.-soy escritora, escribo de todo, novelas fantásticas, de misterio, cuentos para niños, poesía, guiones teatrales y para el recién inventado cinematógrafo. Sabe, lo amo y creo que podría llegar a ser el más palpable medio para la poesía-. –A mí también me gusta, pero todavía más las chicas escritoras, ¿Cómo les puede caber tanto en la cabeza?. Me gustaría invitarle al cinematógrafo de Londres-.-Sabe, mañana por la mañana mi hermana y yo vamos a Londres, usted podría venir…-.-Por supuesto, Milady-.
Al día siguiente dicho y hecho tomamos el tren que va de Edimburgo a Londres mi hermana lucia, Wilhelm y yo. En el tren comencé a escribir algunos poemas sobre las majestuosas colinas por las que pasábamos y  las bucólicas escenas de pastores con sus ovejas.
Luego de algunas horas de viaje llegamos finalmente a Londres. Salí muy emocionada de la estación y un carruaje que era de parte de nuestro tío fallecido nos llevó a la zona sur. Llegamos a la antigua mansión que el nos había heredado y no pude recordar casa más hermosa; tenía un enrejado enorme, un jardín muy florido, varios tipos de sauces y varias estatuas bíblicas y griegas. También recuerdo un bellísimo estanque en cuyas aguas se alcanzaban a ver carpas y para mi sorpresa algunas salamandras.  Decidimos entrar y nos recibió un mayordomo, sir James, que tenía la casa muy limpia y en orden. Apenas y me creía la enorme y bellísima mansión que ahora era nuestra, con sus grandiosos cuadros, su larga mesa y sus candelabros. Me fui acomodando en la que sería mi habitación, que era muy espaciosa y además tenía un enorme retrato de un hombre del siglo pasado.
Decidí salir al romántico jardín y me senté en una banca de hierro que estaba cubierta por las hojas de un sauce a contemplar el sereno estanque. Sentí el romance de su quietud y de pronto vi como algo oscuro voló encima de la escultura de un ángel. Era un cisne bastante grande que enseguida bajo al estanque. Al principio me asuste de su llegada, pero reconociendo su adorable figura me le quede viendo. Lentamente el cisne se fue transformando en un hombre musculoso, barbudo y muy alto que se aproximó a mí para besarme. Luego se volvió a transformar en cisne y se perdió en la oscuridad del estanque.