martes, 2 de junio de 2015

LAS DOS AMIGAS

Eran dos amigas bastante íntimas,  la castaña Leonor y  la  morena Antonieta,  que gustaban  hacer todo juntas y se tenían toda la confianza del mundo. Se reunían a tocar el piano juntas, a pintar flores al óleo y  a pasear en carros de caballos.  Esta relación continuo así por bastante tiempo, y de alguna forma hizo que mermara en las dos la necesidad de buscar pareja. Tal situación sucito una implacable preocupación en la madre de Leonor, que de inmediato intento conseguirle pareja a su hija. La señora puso manos a la obra desesperadamente. Le presento primero a un médico de mediana edad, que a pesar de tener un comportamiento algo romántico y amable, solo provocaba aburrimiento en la joven. 
En una ocasión decidió presentarle por sorpresa a un joven escritor, en una zona bastante arbolada y romántica, en los márgenes de un lago lleno de patos, gansos, cisnes, nenúfares y  juncos. Ese día iban Leonor y Antonieta tan juntas como siempre. Llego el joven al lugar, con la gallardía típica de la juventud masculina a bailar un rato danzas campesinas con la joven. En pleno baile, el joven intento conquistar a Leonor.  Al parecer el brillo azulado de los ojos del hombre sedujo de una cierta forma sexual a la chica, dejando con cierto estado de desconcierto a Antonieta. Con el jubiloso y rosado rostro de la señora, Leonor y el joven se internaron cerca de la hiedra que precedía a los juncos, para dejar sucumbir todas sus pasiones en un resumido beso.  En pleno beso cierta pesada insatisfacción nublo la mente de Leonor y se alejó descortésmente del joven. Con la mente dándole  vueltas, Leonor llego hasta el lago, que a esa hora se comenzaba a llenar de cierta neblina. En eso vio venir lenta y elegantemente a un  enorme cisne muy blanco, al que algunas plumas parecían resplandecerle de manera azulada.  Una vez que el animal estuvo a escasos centímetros de ella, le hablo telepáticamente, diciendo: -Has de seguir lógicamente lo ilógico de tu corazón, porque ahí, en lo no entendible, entraña el fuego de la verdad, y esa verdad es la menos estéril de las verdades, es la verdad más hermosa, la verdad del amor-. Una vez que el ave dijo su parlamento interno se alejó lentamente de la muchacha. La muchacha, pues, entendió el valioso mensaje del animal y al volver a donde estaba Antonieta la tomo de la mano, para el enojo de su madre y el muchacho, y se reunió  con ella en la hiedra que a esa hora se llenaba de un brillo nuboso y anaranjado, para desencadenar sus más profundas pasiones, que provenían del verdadero amor y ternura que ambas entrañaban.

Desde ese entonces la madre de leonor pudo comprender que su hija jamás se separaría de Antonieta, que era algo más que su amiga.